El edificio que acoge este restaurante es obra y capricho del popular arquitecto. El interior se divide en distintas dependencias convertidas en comedores y en salón con bar. En el exterior también ofrece una pequeña tienda de regalos y souvenirs. A tono con la obra arquitectónica se ha puesto en pie una parada gastronómica obligatoria para todos los visitantes de paso por Comillas, sin menospreciar al público local, lo que lo dota da un carácter doblemente agradable. Esto constatamos en nuestra visita, fuera de temporada. Aún así conviene reservar para asegurarse una mesa, y en temporada estival con la máxima antelación. |
El reclamo de este restaurante es indudablemente el edificio singular (una pequeña maravilla...). Las fotos que hicimos nos dejarán un buen recuerdo, para la vista, pero mucho menos olvidaremos el buen sabor de su cocina. La carta presenta unos platos deliciosos, pescados carnes y caza. El primero de mayor éxito fueron las Alubias con Almejas, y el segundo el Ragout de Venado con Patatas Panadera, y la Lubina. De postre Arroz con leche. Los que elijan este sitio para sentarse a comer comprobarán que está magníficamente atendido y que su cocina y concepto están a la altura del entorno. Lo que no queda a la altura son los precios, para los que creemos que el listón no está tan alto. Resulta un restaurante sorprendentemente accesible en este apartado para su calidad, un guiño para los habituales que vivan cerca, o para sibaritas descubridores de rincones únicos... |