Merece la pena dejarse caer en esta taberna para cenar de picoteo, como pudimos comprobar. Nosotros nos tiramos a las croquetas para abrir boca y fuimos pidiendo las especialidades según los consejos de la casa. Nada de platos de nombres de importación, aquí la tortilla se llama "tortilla" y no "omelette", y los calamares y las croquetas se dejan comer "a dedo". Comida "de exportación". Podemos pedir un buen vino para acompañar las tostas, y si el comensal lo precisa, puede deleitarse con una de las varias especialidades, un segundo de carne argentina o bacalao a la marinera. En el apartado de vinos destacamos que disponen de una carta sin complejos que supera con mucho las expectativas. Con buen gusto y buen entender. |
El local se divide en dos plantas, la entrada sirve de bar y es más de picoteo, y en la planta de abajo se disponen mesas para dar servicio a los que desean comer un menú del día o dedicarse a explorar la carta. Ofrecen menús diarios de 8 a 32 euros, el servicio es atento y agradable (es muy de agradecer estos días...). Una recomendación, aunque se repita en las visitas que comentamos a nuestros lectores de "Hoy comemos en...", son los postres caseros, que ponen la guinda. Si después de la comilona te dejas llevar por la gula, atrévete con la tarta que te recomienden, comprobarás que la cocina tienen buenas manos para la repostería. Es lo que los hace "Distintos" a otras tabernas. |