Este pequeño restaurante se sitúa en la céntrica calle Libertad, frecuentada por numeroso público formado tanto por habituales como por muchos que se acercan dispuestos a conocer la oferta de los establecimientos de la zona.
Descubrimos un concepto muy simple de restauración, que consigue unir las virtudes de un entorno tipo fast-food moderno con las de la cocina oriental. La disposición del local nos parece muy acertada, aprovecha al máximo el espacio y hace confortable la estancia. El servicio es amable y atento, y la cocina suficientemente rápida en hora punta. |
Los habituales de las formas de la gastronomía asiática no echarán de menos los tradicionales palillos para demostrar sus habilidades. Los platos se distinguen en la carta impresa en el mantel de papel individual, dónde se avisa si su elaboración es picante (hot). Cuidado, ¡que pica!
La carta sin complicaciones forma parte del atractivo de este local. Se divide en tres grupos, los entrantes, las sopas y los noodles. Pues de eso se trata, nada más fácil, sólo hay que elegir los ingredientes, carnes, verduras, pescados o marisco. Con noodles. A elegir, y todo a precios asequibles. |